Guitarra Vicente Arias de 1900

Por Javier Riba y John Ray.*Artículo publicado en la revista Roseta nº 5 de la Sociedad española de la guitarra.

Este histórico instrumento, de excepcional sonido, pudo jugar un papel determinante en la orientación de la sensibilidad de Andrés Segovia, en una época en la que el joven guitarrista, aficionado al flamenco, residía en Granada. De la figura del guitarrero Vicente Arias, de las características técnicas de esta guitarra y de su singular peripecia histórica pretende dar cuenta este breve artículo.*Agradecemos la colaboración de Luis Briso de Montiano, Julio Gimeno y Jesús Panadero.

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Detalle de la roseta.

 

El guitarrero

Vicente Arias (1833-1914) está considerado como una de las figuras más importantes en el desarrollo organológico de la guitarra moderna. Para Allorto, Arias es el único constructor contemporáneo de Antonio de Torres que realizó guitarras de un nivel similar, y lo sitúa como eslabón fundamental entre el genio de Almería y Manuel Ramírez;*“L’organologia”, La Chitarra, Turín: EDT, 1990, p. 12. Grondona, por el contrario, considera a Vicente Arias una figura autónoma y formula la hipótesis de situarlo históricamente como un titánico antagonista de Antonio de Torres;*Stefano Grondona y Luca Waldner: La Chitarra di Liuteria, Sondrio: L´officina del libro, 2002, pp. 100-101. por último, para Romanillos, Arias constituye una de las cimas de la guitarra española.*Javier Riba (ed.): Nombres propios de la guitarra, vol. 6. Antonio de Torres, Córdoba: IMAE Gran Teatro – Ayuntamiento de Córdoba, 2008, pp. 138 y 139. Son muy escasos los datos biográficos de que disponemos de Vicente Arias Castellanos y el diccionario de Romanillos y Harris es, desde su publicación en 2002, la referencia fundamental.*José Luis Romanillos Vega y Marian Harris Winspear: The Vihuela de Mano and the Spanish Guitar. A Dictionay of the Makers of Plucked and Bowed Instruments of Spain (1200-2002), Guijosa, Guadalajara: The Sanguino Press, 2002, s.v. “Arias Castellanos, Vicente”, pp. 20 y 21. Arias desarrolló buena parte de su oficio como guitarrero en Ciudad Real, para luego trasladarse, en sus últimos años, a Madrid. De su primera etapa profesional nos han llegado algunas referencias aisladas. Pujol, en su biografía sobre Francisco Tárrega, relata que el guitarrista de Vila-real encargó una guitarra a Vicente Arias:

Tanto llegó el artista [Tárrega] a identificarse con su instrumento que hasta su propia naturaleza orgánica parecía resentirse cuando se veía privado de él. A este propósito, nos refería Don Vicente Arias, el famoso constructor de guitarras, que allá por los años 1878-79, viviendo él en Ciudad Real, Tárrega le había hecho construir una guitarra especial proyectada por él mismo y de reducidas dimensiones, al objeto de poderla llevar bajo su capa permitiéndole ejercitar discretamente la flexibilidad y fuerza de sus dedos.*Emilio Pujol: Tárrega. Ensayo biográfico, Valencia: Artes Gráficas Soler, 1978 (primera edición Lisboa, 1960), p. 77.

Sea o no una idea sugerida por Tárrega, lo cierto es que algunos autores describen las guitarras de Arias como instrumentos de tamaño reducido. Prat –que lo califica como “notabilísimo constructor de guitarras”– nos informa que sus instrumentos “los hizo, en su mayoría, en formato un poco más pequeño que el actual [1934]” y da cuenta de un instrumento de 1874.*Domingo Prat: Diccionario de guitarristas, Buenos Aires: Romero y Fernández, 1934 (edición facsímil, Columbus: Orphée, 1986), p. 358. En la prensa española decimonónica, podemos encontrar algún dato complementario sobre la actividad de Arias. En 1890,*La Iberia, 26-x-1890, p. 2. por ejemplo, se presentó en Madrid (en el Jardín del Buen Retiro) en el marco de la exposición industrial, agrícola y artística que organizó la Sociedad Científica Europea, “una artística guitarra, de Vicente Arias, de Ciudad Real”. Romanillos y Harris, por su parte, han podido constatar la presencia de Vicente Arias en las guías comerciales de esta ciudad manchega como constructor de guitarras en el periodo 1898-1900.*Romanillos Vega y Harris Winspear: The vihuela de Mano…, op. cit., p. 21. La primera referencia conocida de su actividad como constructor establecido en Madrid, la aporta la etiqueta de una guitarra firmada en esta ciudad, en 1903. De acuerdo con esta información, la guitarra que estamos presentando en este artículo podría considerarse la más antigua que se ha conservado del periodo madrileño de Arias, y quizá una de las primeras construidas tras establecerse en la capital. En su etiqueta podemos leer: “VICENTE ARIAS / CONSTRUCTOR DE GUITARRAS / Huertas nº 29 dupdo MADRID”. La fecha y la firma están añadidas a mano: “1900 / Vicente Arias”. Esta guitarra presenta un buen estado de conservación, es operativa desde un punto de vista musical y atesora las bondades sonoras de las mejores guitarras de la escuela española histórica que hemos podido examinar y tocar: equilibrio y claridad en las voces, profundidad en el registro grave y gran ductilidad en el timbre.

Gabriel Ruiz de Almodóvar y Andrés Segovia

El primer propietario de este instrumento fue Gabriel Ruiz de Almodóvar y Burgos (1865-1912), registrador de la propiedad*En una carta que Ruiz de Almodóvar dirige a Marcelino Menéndez Pelayo (1856-1912), se presenta como “un pobre registrador de la propiedad”. Epistolario de Menéndez Pelayo, volumen 17, carta nº 589: <http://www.cervantesvirtual.com/FichaObra.html?Ref=29405> (consulta realizada en noviembre de 2010). con inquietudes artísticas y literarias.*En La ilustración española y americana, 15-vi-1889, p. 376, se informa de la reciente publicación de Libro de Granada, obra que contiene varios trabajos literarios de Ángel Ganivet (1865-1898), Gabriel Ruiz Almodóvar, Matías Méndez Vellido y Nicolás María López, miembros de la “Cofradía del Avellano”, un grupo de escritores y artistas granadinos. Los descendientes de Ruiz de Almodóvar han conservado junto a la guitarra una historia ligada a su antepasado: Gabriel había tratado en Granada a un joven aficionado a la guitarra flamenca que se llamaba Andrés Segovia, al que –según la tradición familiar– había dado clases de guitarra.*Testimonio de D. José Palacios Entrena, hijo de D. Rafael Palacios y Ruiz de Almodóvar quien fue sobrino de D. Gabriel Ruiz de Almodóvar y Burgos, primer propietario de la guitarra Arias de 1900. Por su parte, Andrés Segovia relata en su autobiografía la profunda impresión que le produjo el primer encuentro con Ruiz de Almodóvar:

No tardaron mucho éstos y otros amigos, todos normalmente mayores que yo, en ver que mi devoción por la guitarra iba mas allá del flamenco. Un día me llevaron al carmen de José Gago Palomo, un coronel que se había afincado en El Albaicín (pintoresco barrio antiguo de Granada) después de jubilarse de ese ejercito que había perdido nuestra “Perla de las Antillas”, Cuba. Allí conocí a Gabriel Ruiz de Almodóvar que tocaba una “guitarra fina” [a “good” guitar] como dicen los flamencos, o dicho de otro modo: que tocaba música clásica. ¡Qué descubrimiento tan maravilloso fue para mí escucharle tocar un preludio de Tárrega, aunque sus dedos fallaran bastante a menudo! Sentí ganas de llorar, reír, incluso de besar las manos de aquel hombre que podía sacar sonidos tan bellos de la guitarra. Mi pasión por la música pareció estallar en llamaradas. Me temblaba el cuerpo. Me sobrevino un repentino rechazo por la música folclórica que solía tocar, mezclado con una delirante obsesión de aprender “esa música” inmediatamente. Don Gabriel nos dijo a mí y a mis amigos que los preludios se podían conseguir impresos así como otras obras de este y otros compositores.*Andrés Segovia: An autobiography of the years 1893-1920, Londres: Marion Boyars, 1977 (traducción de John Ray).

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Andrés Segovia en 1914

El encuentro entre el joven Andrés Segovia y Gabriel Ruiz de Almodóvar debió ocurrir entre 1905, año del reemplazo del teniente coronel José Gago Palomo* el Teniente Coronel D. José Gago Palomo”] –Segovia recuerda conocer a Gabriel en casa de José Gago cuando este último era ya militar jubilado del ejército– y los años 1909 y 1910, que corresponden con los primeros conciertos públicos de Andrés Segovia de los que tenemos noticia.*Andrés Segovia recordó así su primer concierto en Granada: “Gracias a un noble amigo, se organizó mi primer recital en el Centro Artístico de Granada. Y allá fui, repleto mi bagaje de ilusiones. De la fecha de ese concierto no estoy seguro. Debió fijarse, según cálculos aproximados, en las postrimerías de 1909”. Transcripción de la grabación autobiográfica titulada “La guitarra y yo” contenida en el volumen 4, pistas 7-12 del CD Andrés Segovia. A Centenary Celebration (MCA CLASSICS / DECCA, 1994, MCAD4-11124). Esta transcripción está publicada en Eugenio Tobalina (ed.): Nombres propios de la guitarra, vol. 2. Andrés Segovia, Córdoba: FPM Gran Teatro – Ayuntamiento de Córdoba, 2004. Su debut en Córdoba tuvo lugar el día de Navidad de 1910 (Diario de Córdoba de comercio, industria, administración, noticias y avisos, 24-xii-1910). Este contacto con Gabriel Ruiz de Almodóvar pudo ser determinante en la orientación artística de Segovia;*, tocaba ya la guitarra del rasguido y las falsetas. La revelación del instrumento músico se la dio un amigo y discípulo de Tárrega, el ventrílocuo y guitarrista valenciano Paco Sanz, aplaudido en Buenos Aires por el año 1912. En una de las continuas giras por España de este último artista, hallándose Segovia en Andalucía, oyó algo del repertorio de Tárrega a través del modesto Sanz (según datos aportados por éste): así se produjo la chispa” (D. Prat: Diccionario de guitarristas…, op. cit., s.v. Andrés Segovia, p. 290).”] le permitió conocer la música de Tárrega, y descubrir de ese modo un mundo sonoro ligado a la guitarra, muy diferente al que conocía, que le resultó fascinante. En el relativamente corto espacio de tiempo que transcurre desde ese encuentro hasta 1909 –si nos atenemos estrictamente a lo expresado por Segovia en sus memorias– el joven guitarrista descubrió su pasión por la guitarra de concierto, desarrolló su técnica, y se procuró un repertorio que le permitió iniciar los primeros pasos de lo que luego resultó una carrera fulgurante.

El Instrumento

Esta guitarra presenta varias de las características que podemos constatar en algunas guitarras conservadas de este maestro:*Romanillos afirmaba en su biografía sobre Torres tener constancia de la conservación de dieciocho instrumentos de Vicente Arias (José Luis Romanillos: Antonio de Torres, guitarrero, su vida y obra, Almería: Instituto de Estudios Almerienses, 2004, p. 172). doble fondo de palo santo; una roseta elaborada de dibujo curvilíneo; un ensanchamiento del puente en la parte central, donde van atadas las cuerdas; un diapasón con 21 trastes a la altura de la primera cuerda, y cabeza con tres lóbulos. El instrumento que presentamos se encuentra en un magnífico estado de conservación. Hay evidencias de un corte practicado en la filetería del aro, justo en el espesor del fondo exterior, que habría permitido levantarlo. También se ven unos pequeños agujeros en el fondo que habrían servido para reposicionarlo con espigas a la hora del nuevo pegado. El trabajo original es muy bueno; en nuestra opinión, al nivel de las guitarras de Antonio de Torres y Santos Hernández que hemos podido examinar, si bien la ornamentación es, en general, menos elaborada que en otras guitarras conocidas de Arias. Uno de los aspectos más destacables de la guitarra es la flexibilidad que presenta su tapa armónica. Al presionar ligeramente con los dedos en el puente y en su contorno, la tapa cede con facilidad, volviendo a recuperar su posición de reposo tan pronto se interrumpe la presión, en un movimiento que podemos describir como diafragmático. En nuestra experiencia se trata de una de las tapas armónicas más flexibles que hemos visto nunca, en el límite de lo que creemos es la resistencia mecánica de una tapa. Sin embargo, a pesar de sus 110 años de antigüedad, sorprende el buen estado que presenta. El varetaje se compone de siete varetas dispuestas en abanico, sin las tradicionales varetas que cierran el mismo en forma de cometa invertida, y presenta unas varetas muy cortas situadas en la periferia del abanico. El fondo interior alberga dos pequeños orificios simétricos, de 30 milímetros de diámetro, justo a la altura de las alas del puente. Parece tener un espesor de 1,5 milímetros y está construido como los fondos tradicionales: tres barras y un refuerzo de aro. La diferencia es que, tanto barras como refuerzo, son muy pequeños. En la cabeza, en la parte trasera de la pala, podemos ver unos añadidos que sugieren algún tipo de refuerzo que permitió volver a practicar nuevos orificios para las clavijas. Por su situación, estos refuerzos también pudieron servir para rellenar el espacio que se necesita para sustituir un clavijero mecánico por un clavijero tradicional. Sin embargo no observamos otras evidencias que confirmen esa posibilidad.

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Guitarra Vicente Arias de 1900

Maderas: Tapa armónica: Pino abeto. Fondos (interior y exterior): Palosanto de Río. Mástil: Cedro americano. Diapasón y puente: Palsanto de Río, creemos que con algún tipo de tratamiento para oscurecerlos.

Medidas: Profundidad de la caja en: Braguero: 93 mm. Tacón: 92 mm. Lóbulo superior: 92 mm. Cintura: 92 mm. Lóbulo inferior: 92*Estas últimas medidas quizá sean diferentes a las del trabajo original de Arias debido al proceso de levantar y reponer el fondo al que pensamos ha sido sometida la guitarra. mm. Diámetro de la boca. 86 mm. Desde el fondo interior a la tapa: 79 mm. Largo de la caja: 479 mm. Ancho de lóbulo superior: 264 mm. Ancho de cintura: 228 mm. Ancho de lóbulo inferior: 365 mm. Tiro de cuerda: 650 mm.

Hemos realizado algunas pequeñas intervenciones en el instrumento: los huesos de selleta y cejuela han sido sustituidos; los que presentaba no tenían ni la forma ni el tamaño adecuado y estamos seguros de que no eran los originales. Hemos repasado los trastes ligeramente para redondear los perfiles; en su situación original presentaban aristas que producían cerdeos al tocar. Las clavijas estaban muy estropeadas y ha sido preciso sustituirlas por clavijas de aspecto tradicional pero con engranaje mecánico interno. También hemos retirado un pequeño golpeador de plástico que se encontraba adherido en la tapa. El fondo exterior presenta varias rajas que seguramente fueron reparadas (lo que explicaría el levantamiento del fondo que hemos advertido)*Hemos descartado retirar el fondo para evaluar las rajas porque en el proceso anterior de levantado de fondo que hemos advertido en el instrumento –proceso realizado de manera muy deficiente– se eliminaron, por desgracia, las pistas que nos hubieran indicado la curva original para recuperarla. pero que no pueden verse desde la boca porque lo impide el fondo interior. En cualquier caso, estas pequeñas rajas, no comprometen al instrumento y parecen reparadas e inmovilizadas. Examinar esta guitarra es reencontrarse con técnicas y métodos de construcción que, desgraciadamente, se están perdiendo. En el fondo interior se observan, por ejemplo, las marcas del cepillo de dientes que se usaba para dejar uniforme el espesor. Estas marcas suelen desaparecer con el lijado. En el interior de la tapa armónica, justo en la posición del puente, hemos descubierto pequeñas quemaduras que delatan que se aplicó calor desde ahí para la unión del puente mediante la cola. Este instrumento es un vivo testimonio del genio de Vicente Arias como guitarrero. En su “aljibe de madera” reposan sonidos de otro tiempo, y entre aquellos, quizá, los ecos de ese preludio de Tárrega que marcó el rumbo de la carrera artística de Andrés Segovia. Foto: Marian Peón

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